El refugio de Dios


(English)
Hay un lugar de inmunidad para el creyente, una fortaleza espiritual en Cristo que nos protege de los ataques del maligno. Para aquellos que permanecen en esta fortaleza de Dios, el ataque del maligno no los toca. Aquí, en esta secreta morada  con el Todopoderoso, estamos ocultos de los efectos de la lengua del acusador; estamos al abrigo de la asignación del destructor.

El diccionario define a la palabra inmunidad como: la libertad o exención, tanto de una condena, carga, tarea o mal”. Esa es la forma en que el Dios viviente quiere que caminen sus hijos en libertad de la penas y cargas del pecado, libres de las tareas de la religión legal, protegidos y triunfantes de los asaltos del maligno.

Examina la Biblia. Encontraras cientos de ejemplos de la protección amorosa de Dios. Cada vez que el Señor llamo al pecaminoso Israel para que volviera a El, fue urgiéndolo a que retornara a la protección de Dios; cada vez que ellos respondían, nuevamente estaban seguros dentro de la Fortaleza de Dios. Las escrituras dicen,…”los envolvió en sus brazos, los instruyo y los cuidó como a la niña de sus ojos” (Deut. 32:10, NIV).

El Cuidado de un Padre
Dios no es solo nuestro Creador, también es nuestro Padre. Como tal, es inconcebible que pueda dejar a sus hijos desprotegidos. En Mateo 6:8 Jesus dice que nuestro Padre conoce nuestras necesidades antes que se las pidamos. ¡Si nosotros, aun en nuestra condición caída, buscamos provisión para nuestros hijos, cuanto más Dios en su perfección busca abrigo y cuidado para los suyos!

Las Escrituras testifican que “todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por su divino poder, mediante el conocimiento de aquel que nos llamo por su gloria y excelencia” (2 Pedro 1:3).  Cuanto más poseamos el verdadero conocimiento del Todopoderoso, más accesible será su provisión para nosotros.  ¿Que nos da?  Nos ha preparado un lugar de habitación donde todo lo que necesitamos referente a la vida y a la piedad es nuestro. Es un lugar donde cada bendición espiritual es los lugares celestiales nos pertenece en Cristo (Efesios 1:3).

David conocía este increíble lugar de protección. El Escribió “Jehová roca mía y castillo mío…fortaleza mía…mi escudo…mi alto refugio” (Salmo 18:2). Nuevamente, hablando a aquellos que temen a Dios, David oro: “En lo secreto de tu Presencia los esconderás de la conspiración del hombre; los pondrás en un tabernáculo a cubierto de contención de lenguas” (Salmo 31:20).  Y nuevamente: “Tu eres mi refugio; me guardaras de la angustia; con canticos de liberación me rodearas” (Salmo 32:7).

En su vida personal David conocía al Dios vivo como una fortaleza espiritual y un lugar de seguridad frente a  los conflictos. El rey estaba íntimamente familiarizado con este lugar especial en la Presencia de Dios. Fue allí, en la fortaleza de Dios, donde el alma de David se refugiaba.

Para aquellos que siguen a Cristo
Esta fortaleza no es un lugar especial de provisión solamente para los profetas y los reyes piadosos. Desde el día de la resurrección de Cristo, la entrada a esta ciudadela del Cielo fue abierta para todos los que seguirían al Mesías. Descubrir esta residencia donde Cristo literalmente nos inunda con su vida, no es meramente el tema de este libro; ¡es el objeto de nuestra existencia!

¿Cómo encontraremos este lugar espiritual? Simplemente comenzando por amar a Jesus. El dijo,…”el que me ama, será amado por mi Padre, y yo le amare, y me manifestare a el” (Juan 14:21). Si perseveramos en amar y obedecer, Jesus ha prometido revelarse a nosotros progresivamente. Considere en la magnitud de la promesa de Jesus!  El continuó, “El que me ama, mi palabra guardara; y mi Padre le amara, y vendremos al, y haremos morada con El” (Juan 14:23).

Esta progresiva revelación de Jesucristo a nuestros corazones es el camino a la residencia de Dios. Es el refugio del Altísimo, el cual es la fortaleza de Dios.

Señor, junto al salmista clamo, “¿Cuanto entrare a las cortes del Dios vivo? ¡Tú eres nuestro Padre; no te escondas de nosotros tus hijos! ¡Llévanos a tu regazo, o Dios! Sostennos en tu Corazón, asegúranos con la llenura de tu Espíritu que tu verdaderamente, estas cerca. ¡Gracias Señor!

El mensaje precedente ha sido adaptado de un capítulo del libro de Francis, El Refugio de Dios. Disponible en www.arrowbookstore.com.


Traducción y edición: Gabriela Rabellino

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