A éste miraré



(English)
Trascendente y libertadora humildad
De todas las virtudes, Jesús elevó a la mansedumbre por encima de las demás. ¿Por qué? La humildad es lo que abre la  puerta a la gracia: ninguna virtud entra en nuestras vidas, a menos que la humildad le invite a que  entre. Sin humildad, no tenemos sensibilidad o no nos damos cuenta de nuestra necesidad personal; no vemos ninguna razón para cambiar o para apropiarnos de la gracia.

Más todavía, la humildad no solamente el anfitrión de las demás virtudes, es también la esencia de  vida que las  sostiene. Es la humildad que reconoce cuando el amor se está enfriando y es la humildad la que confiesa nuestra necesidad de una mayor fe. Sin humildad, nuestras virtudes se petrifican en  estatuas sin vida en el santuario de nuestro corazón. Así, la humildad sustenta el desarrollo de la verdadera nobleza espiritual. Proporciona  aumento de integridad,  vida y el crecimiento de todas las demás virtudes.

Considere: cuando Sus discípulos le preguntaron “¿Quién es el mayor en el reino de los cielos? Jesús puso a un niño en medio de ellos. Él dijo: " cualquiera que se humille como este niño, ése es el mayor en el reino de los cielos " (Mat 18:1,4). 


¡Qué sublime maravilla  que , en el cielo , la altura de la grandeza se mide por la profundidad de la humildad de uno!Escuche la traducción de este versículo de acuerdo a la traducción Wuest's Expanded: " Por lo tanto, el que sea de una naturaleza tal que se humille como este niño, estimándose  a sí mismo como pequeño en cuanto si lo es, pensando así verdaderamente, y porque verdadero, humilde de sí mismo, esta persona es el mayor en el reino de los cielos”

Jesus vino no solamente a llevarnos al cielo cuando muramos; El vino a establecer el cielo donde vivimos. Así, El presenta el reino de Dios a Sus discípulos con las palabras,

" Bienaventurados los pobres en espíritu, pues de ellos es el reino de los cielos" (Mat 5:3).

Amados, no hay seres orgullosos en el cielo. Aquí en la tierra vemos pavonear el orgullo de líderes y celebridades; contemplamos nuevamente al orgullo en nuestras divisiones e identidades raciales y culturales. Vemos orgullo impenitente en muchos divorcios y  divisiones de iglesia; y el linaje del orgullo, - la envidia y los celos -  en el desordenado deseo  de ser glorificado delante de los hombres. En el cielo, la alabanza a Dios llena la atmósfera, no el orgullo en logros humanos.

Jesus dijo que el reino de los cielos pertenece a los pobres en espíritu! No a los perfectos, sino a los pobres—aquellos que saben que son espiritualmente necesitados—estos encontraran un hogar dándoles la bienvenida en el reino de Dios. Pero en todo el cielo no habita ningún orgulloso o arrogante.

Escuche nuevamente la promesa del Señor:

" Aquel día no te avergonzarás de ninguna de tus acciones con que te rebelaste contra mí; porque entonces yo quitaré de en medio de ti a los que se regocijan en tu orgullo, y nunca más te envanecerás en mi santo monte. Y dejaré en medio de ti un pueblo humilde y pobre, que se refugiará en el nombre del Señor " (Sofonías 3:11‑12).

Sólo los humildes se refugian en el Señor. ¿Se defiende usted? ¿Busca represalia o venganza por las injusticias de la vida? O, en cambio,  ¿se refugia en Dios? Si es así, entonces la humildad está creciendo dentro de usted. Recuerde, ni los orgullosos ni los que se basan en su justicia propia miran a Dios; sólo los humildes confían en el Todopoderoso.

El da gracia a los humildes. Gracia  no es sólo un favor inmerecido, es la promesa de Dios de  hacer por nosotros lo que no podemos hacer por nosotros mismos. Cuando confesamos nuestros pecados, cuando abiertamente revelamos nuestros defectos y nuestra necesidad continua de ayuda divina, nos encontramos con el Todopoderoso, un compañero listo para transformar nuestras vidas y satisfacer nuestras necesidades.

Escuche nuevamente la promesa de nuestro Dios:

" Porque así dice el Alto y Sublime que vive para siempre, cuyo nombre es Santo:
Habito en lo alto y santo, y también con el contrito y humilde de espíritu, para vivificar el espíritu de los humildes y para vivificar el corazón de los contritos. “(Isaías 57:15).

El avivamiento no puede ser conjurado por el hombre; no viene sólo porque pongamos un cartel  fuera de nuestras iglesias y lo anunciemos. No, el verdadero avivamiento sólo viene de Dios. Sí, y de entre todo tipo de personas en la tierra, Dios escoge traer avivamiento a los humildes. De hecho, Él incluso da un aliento mayor: Él promete morar con el contrito y humilde.

La humildad, la puerta que da la bienvenida a la virtud, es el catalizador de todas las cosas espirituales. Dios resiste a los soberbios, y da ayuda a, y habita con el humilde

Amados, no hay nada que Dios desee de nosotros  excepto un corazón humilde. Escuche bien  esta promesa final de nuestro Creador:

Jehová dijo así: “El cielo es mi trono, y la tierra estrado de mis pies; ¿dónde está la casa que me habréis de edificar, y dónde el lugar de mi reposo? "

" Mi mano hizo todas estas cosas, y así todas estas cosas fueron, dice Jehová; pero miraré a aquel que es pobre y humilde de espíritu, y que tiembla a mi " (Isaías 66:1‑2).

El gran Rey, el Eterno, examina cuidadosamente  las naciones en busca de un cierto tipo de persona: el que es humilde, contrito de espíritu, y que tiembla a Su palabra. Él dice: " A este mirare. "

" Señor, me humillo  por  mi orgullo e innatas  tendencias de exaltarme  a mí mismo. Añoro los atrios secretos del Altísimo y por morar en el lugar secreto Contigo. Me humillo ante Ti, oh Dios. Sea este día el comienzo de la humildad en mi”.


Traducción y edición Gabriela Rabellino

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