Los tres campos de la lucha espiritual

(English)
Introducción
Los tres campos de la lucha espiritual es un libro sobre la guerra espiritual. Sin embargo, antes de seguir adelante, tengo dos preocupaciones. La primera es nuestra necesidad de sabiduría. Hay un antiguo proverbio europeo que es digno de atención. Dice: “La edad y la perfidia siempre derrotarán a la juventud y al celo.” Antes de comprometernos en la guerra espiritual, deberíamos saber esto acerca de Satanás: es un enemigo viejo y extremadamente pérfido. Por otra parte, la fuerza de casi todos los cristianos está sobre todo en el idealismo y en un fervor que no se ha puesto a prueba. No es necesario que pase mucho tiempo, por lo general de cinco a diez años en el ministerio, y casi todo el celo se habrá desvanecido. Imperceptiblemente, el llamado ministerial se ha deteriorado pasando de un caminar con visión a un mero oficio.

Sucedió que el celo, por sí mismo, desafió la falsedad del infierno y perdió. El brillo de la visión juvenil se empañó bajo los negros nubarrones de los implacables ataques satánicos. Con el peso del desaliento y la frustración creciente, se aumentaron los términos medios y la liviandad, y con ello vino la iniquidad y la atadura espiritual.


Pero el villano verdadero no ha sido el pecado, sino la ignorancia. Metemos al diablo en una caja doctrinal y esperamos que se quede allí. No lo hace. Socava las relaciones y nuestro amor se torna desconfiado y cauteloso. Nos resiste en la oración y nuestra fe se debilita. La desilusión se ha instalado. Después de pasar mucho tiempo con pastores que están en esa lucha, he visto un rasgo común en la mayoría. Fracasaron en discernir los ataques del maligno. Quedaron desprotegidos contra un enemigo viejo, mañoso y lleno de falsedad.

Jesús preparó a sus discípulos para todo, inclusive para la guerra espiritual. Le vieron expulsar demonios; ellos claramente sabían que el diablo era real. De hecho, les mandó hacer lo mismo. Pero antes de enviarlos, les ordenó ser sabios y prudentes “como serpientes”, pero llenos de inocencia y sencillez “como palomas” (Mateo 16:10). Esta fusión de la sabiduría divina y la sencillez de Cristo, es la clave de toda victoria espiritual. Ciertamente, podemos derrotar al enemigo, pero la prudencia debe preceder a la batalla y la virtud debe ir antes del triunfo.

En consecuencia, la meta de este libro es entrenar a la iglesia en sabiduría y llamarla a la sencillez. No desconoceremos lo aprendido antes; todavía viviremos por fe. Pero debemos aprender los caminos del Señor, lo que significa que debemos pensar con sabiduría. Y debemos tener un  corazón puro, para que podamos ver a Dios y ganar discernimiento.  Ciertamente, es la falta de discernimiento lo que nos ha vuelto vulnerables al ataque satánico.

Con respecto a mi segunda inquietud, permítanme decir que en una guerra exitosa no hay atajos; los atajos son sólo modos de hacerla más larga y más peligrosa. Un camino hacia el peligro es entrar en la lucha mientras se está cegado por la presunción. Cuando se trata de una batalla espiritual efectiva, es necesario considerar el cuidado como la esencia de la victoria.

En cualquier plan espiritual eminente donde nos imaginemos estar, recordemos que Adán se encontraba en el Paraíso cuando cayó. Antes que nuestras experiencias religiosas y el aumento de nuestra sabiduría nos vuelvan confiados en exceso, recordemos que aunque Salomón escribió tres libros de la Biblia y en verdad contempló la gloria de Dios, aun así cayó. Sí, inclusive en nuestra más profunda adoración al Todopoderoso no olvidemos que en un pasado remotísimo Lucifer mismo estuvo una vez en el cielo, derramando alabanzas a Dios.

Todos hemos visto a muchos que han caído. Jesús advirtió que el amor de muchos se podría enfriar. No presumamos que eso no nos puede suceder a nosotros. Nuestro enemigo ha estado engañando a la humanidad por miles de años. En cambio, nuestra experiencia es apenas de un breve momento. Es sabio reconocer que no sabemos todo lo que se debe saber con respecto a la guerra espiritual.

Por tanto, sé firme, pero nunca insolente o arrogante en tu vida de oración. Usa tu autoridad espiritual administrándola bien, compasivamente, pero nunca en forma presuntuosa. Multitudes de cristianos con buenas intenciones pero ignorantes se han acercado al enemigo en actitud de petulancia y han sufrido en gran manera por eso. Estudia varios libros y busca la confirmación del Señor para tus estrategias. Como está escrito: “Los pensamientos con el consejo se ordenan; y con dirección sabia se hace la guerra” (Proverbios 20:18).

Así, nuestro propósito aquí es ayudar a equiparlo para la batalla en cada uno de estos tres campos de batalla: la mente, la iglesia y los lugares celestiales. Hay otros campos o sub categorías de guerra espiritual; no obstante, estas son las áreas en las que la mayoría de nosotros enfrentaremos conflicto.

Una palabra final. Algunos lectores servirán como instrumentos para volver sus ciudades a Dios. Es  mi oración que los capítulos que vienen, ayuden a guiarlos y equiparlos para esas tareas. La promesa del Espíritu dice: “Una pequeña ciudad y unos pocos hombres en ella; y viene contra ella un gran rey y la asedia y levanta contra ella grandes baluartes; y se halla en ella un hombre pobre, sabio, el cual libra a la ciudad con su sabiduría; y nadie se acordaba de aquel pobre hombre” (Eclesiastés 9:14-15).

Mientras muchos predicen la destrucción de la patria y el colapso de nuestras ciudades, no han tenido en cuenta el poder de Cristo en nosotros. Mas recuerde: “Mejor es la sabiduría que la fuerza y...mejor es la sabiduría que las armas de guerra” (Eclesiastés 9:16,18).

Adaptado del libro
 Los tres campos de la lucha espiritual por Francis Frangipane.
Disponible en
 www.arrowbookstore.com


No hay comentarios.:

Publicar un comentario