Conociendo nuestros corazones

Nuestra búsqueda es no sólo por  conocer el corazón de Dios, sino por conocer nuestros propios corazones a la luz de Dios. De hecho, mientras más me acerco al corazón de Dios, el fuego de Su presencia comienza una obra de purga dentro de mí, y en la inmensidad de sus riquezas, aparece mi pobreza. El salmista escribió: " ¿Quién subirá al monte del Señor? ¿Y quién podrá estar en su lugar santo?  El de manos limpias y corazón puro; el que no ha alzado su alma a la falsedad, ni jurado con engaño." (Sal. 24: 3-4).

No podemos ni siquiera encontrar  el monte de Jehová, y mucho menos subir, si hay engaño en nuestro corazón. ¿Cómo se puede servir en el lugar santo de Dios si su alma es inmunda? Son sólo los puros de corazón que perciben a Dios.  Ascender hacia Dios es entrar en un horno de  verdad donde la mentira es extraída de nuestras almas. Para permanecer en el lugar santo debemos morar  en la honestidad, incluso cuando una mentira parece poder  salvarnos. Cada paso ascendente  hacia  el monte de Dios es un presionar  de nuestras almas hacia una  mayor transparencia, una visión más perfecta hacia los motivos de nuestros corazones.

Siendo preparados para Dios

(English)
El último, gran mover del Espíritu Santo se caracterizara por hombres y mujeres quienes han sido preparados por Dios para Dios.


Nosotros nos hemos entregado a la oración por avivamiento; hemos estudiado y descubierto el Corazón del Señor por los perdidos.  Sin comprometer las verdades básicas del evangelio, la gracia nos ha ensenado a hacer el mensaje de Cristo apropiado a nuestro tiempo y necesidades. Sin embargo, a pesar de toda nuestra preparación, todavía tenemos que preparar nuestros corazones para Dios mismo.

Anhelamos ser enviados por el Todopoderoso a alguna tarea grande – un milagro que lleve una ciudad entera hacia el arrepentimiento o alguno acto de servicio significativo. No obstante, la mayor tarea que le espera a la iglesia no es ser enviada por Dios sino en realidad venir a El.

En realidad, hemos asumido un extraño rol: Creemos que somos los guardaespaldas del Señor. Armados con las doctrinas de nuestra fe, nos programamos para defender a Cristo contra la blasfemia, la herejía o la información equivocada.  Más aun, al buscar hacer frente y confrontar las herejías de nuestro tiempo, nos hemos posicionado de espaldas al Omnipotente. Si nos volviésemos y fijáramos nuestra mirada en El, veríamos que El no necesita la protección del hombre, ni jamás el hombre ha sido una amenaza para el Altísimo.  Ciertamente, si dejáramos de esforzarnos, incluso por un momento, nos daríamos cuenta que Su mirada nunca nos ha dejado. El espera nuestro amor sin división.

Siendo preparados para Dios

(English)
El último, gran mover del Espíritu Santo se caracterizara por hombres y mujeres quienes han sido preparados por Dios para Dios.

Nosotros nos hemos entregado a la oración por avivamiento; hemos estudiado y descubierto el Corazón del Señor por los perdidos.  Sin comprometer las verdades básicas del evangelio, la gracia nos ha ensenado a hacer el mensaje de Cristo apropiado a nuestro tiempo y necesidades. Sin embargo, a pesar de toda nuestra preparación, todavía tenemos que preparar nuestros corazones para Dios mismo.

Anhelamos ser enviados por el Todopoderoso a alguna tarea grande – un milagro que lleve una ciudad entera hacia el arrepentimiento o alguno acto de servicio significativo. No obstante, la mayor tarea que le espera a la iglesia no es ser enviada por Dios sino en realidad venir a El.

En realidad, hemos asumido un extraño rol: Creemos que somos los guardaespaldas del Señor. Armados con las doctrinas de nuestra fe, nos programamos para defender a Cristo contra la blasfemia, la herejía o la información equivocada.  Más aun, al buscar hacer frente y confrontar las herejías de nuestro tiempo, nos hemos posicionado de espaldas al Omnipotente. Si nos volviésemos y fijáramos nuestra mirada en El, veríamos que El no necesita la protección del hombre, ni jamás el hombre ha sido una amenaza para el Altísimo.  Ciertamente, si dejáramos de esforzarnos, incluso por un momento, nos daríamos cuenta que Su mirada nunca nos ha dejado. El espera nuestro amor sin división.

La obsesión divina


(English)
Hay tres categorías básicas de cristianos. El grupo más numeroso está formado por personas que, a pesar de que tratan de evitar la oscuridad en el mundo, no tienen esperanza de que el mundo pueda ser redimido.
Asumiendo que el regreso de Cristo es inminente, se apartan hacia lo que parece un refugio de apatía con respecto al mundo no cristiano que les rodea. Sin embargo, la mayoría no son en verdad apáticos. Sus almas, como la de Lot, son atormentadas por la conducta de hombres sin principios (2 Pedro 2: 7-8). Su compasión, sin embargo, aunque limitadamente está encendida. Limitado. Rara vez se extienden más allá de las necesidades de su familia inmediata y amigos más cercanos. Ellos aman al Señor, pero no saben cómo o qué hacer para cambiar la sociedad o incluso positivamente impactar sus vecindarios.

El segundo grupo de cristianos se compone de los que prefieren vehementemente denunciar las tinieblas que adaptarse a ella. Aunque mucho menor en número que los primeros, no son  de ninguna manera apáticos; de hecho, aparecen como lo exactamente opuesto. Se enfurecen  por la depravación de los impíos y protestan por la audacia de los malos. Golpean el púlpito y el pavimento;  tanto vocal como visiblemente. Sin embargo, su capacidad de transformar su cultura es, en su mayor parte, neutralizada por  su negatividad y  rabia. Son despedidos como extremistas enjuiciadores. La mayoría de los pecadores simplemente no pueden soportar la dureza de su enfoque.