Elías, Jehú y la guerra contra Jezabel

(English)
Hay una guerra, una guerra muy antigua, entre el espíritu de Elías, y el espíritu de Jezabel. En esta batalla tan antigua como el tiempo, Elías representa los intereses del cielo: el llamado al arrepentimiento y el regreso a Dios. Por el contrario, Jezabel representa ese principado único del infierno cuyo propósito es obstaculizar la profunda obra de Dios en la iglesia.

Nuestra nación está del lado vencedor
Para comprender el conflicto entre el espíritu de Elías y el espíritu de Jezabel, debemos entender estos dos enemigos tal como se ven en las Escrituras. Cada uno es la antítesis espiritual del otro. ¿Es Elías un audaz? Jezabel es descarada. ¿Es Elías cruel e inhumano con respecto del mal? Jezabel es maligna y rencorosa hacia la justicia. ¿Habla de las formas, los caminos y la Palabra de Dios? Jezabel está llena de sistemas de hechicería y de palabras de engaño. La guerra entre Elías y Jezabel continúa hoy. Los principales guerreros a cada lado son los profetas de ambos enemigos; el alma de nuestra nación está del lado vencedor.

En la tradición de Samuel, Elías era la cabeza de la escuela de profetas. Bajo el estaban los hijos de los profetas,- literalmente cientos de videntes y ministros proféticos- que proclamaban la Palabra del Señor. En esta guerra, sin embargo, Jezabel, de manera depravada y en forma sistemática, había asesinado a todos los siervos de Dios, hasta que quedo solo Elías. (Ver 1 Reyes 18:22). Elías, como el último de los profetas, reto entonces a los 450 profetas de Baal y a los 400 de Asera para una demostración de poder: sus dioses contra el poder del Señor.

Ejército de adoradores

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Cuando las escrituras se refieren a los “huestes celestiales”, generalmente pensamos en un “coro de ángeles”. La palabra “hueste” en la Biblia, significo “ejercito” (Josué 5: 13-14) Es una verdad importante: las huestes del cielo son ejércitos adoradores. Sin lugar a dudas, ninguno que no sea primero un adorador de Dios, puede hacer guerra espiritual. 

El asunto central en la tribulación: la adoración 
Uno no tiene que ir profundo dentro de la revelación de Juan en Apocalipsis para descubrir que tanto Dios como el diablo están buscando adoradores. (Ver Apocalipsis 7:11; 13:4; 14:7,11). Vez tras vez, nuevamente la línea se traza entre aquellos que “adoran a la bestia y a su imagen “y aquellos que adoran a Dios. 

En la última gran batalla previa al regreso de Jesús, el resultado de la vida de cada hombre será medido de acuerdo al grado de adoración: en medio de la batalla espiritual y las luchas ¿ante quién me inclinare, Dios o Satanás? 

Aun, cuando esta guerra espiritual terminara con el establecimiento del Reino de Dios en la tierra (Ver Apocalipsis 11:15), debemos darnos cuenta que la esencia de la batalla es el asunto central en nuestra guerra espiritual hoy. ¿Adoraremos fielmente a Dios durante los ataques satánicos y la tentación? Verdadera adoración debe surgir ahora en el contexto de nuestras vidas diarias, porque ningún hombre que se queja durante las meras escaramuzas del hoy, adorara en las grandes batallas del mañana. 

Los tres campos de la lucha espiritual

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Introducción
Este es un libro sobre la guerra espiritual. Sin embargo, antes de seguir adelante, tengo dos preocupaciones. La primera es nuestra necesidad de sabiduría. Hay un antiguo proverbio europeo que es digno de atención. Dice: “La edad y la perfidia siempre derrotarán a la juventud y al celo.” Antes de comprometernos en la guerra espiritual, deberíamos saber esto acerca de Satanás: es un enemigo viejo y extremadamente pérfido. Por otra parte, la fuerza de casi todos los cristianos está sobre todo en el idealismo y en un fervor que no se ha puesto a prueba. No es necesario que pase mucho tiempo, por lo general de cinco a diez años en el ministerio, y casi todo el celo se habrá desvanecido. Imperceptiblemente, el llamado ministerial se ha deteriorado pasando de un caminar con visión a un mero oficio.

Sucedió que el celo, por sí mismo, desafió la falsedad del infierno y perdió. El brillo de la visión juvenil se empañó bajo los negros nubarrones de los implacables ataques satánicos. Con el peso del desaliento y la frustración creciente, se aumentaron los términos medios y la liviandad, y con ello vino la iniquidad y la atadura espiritual.

El refugio de Dios


(English)
Hay un lugar de inmunidad para el creyente, una fortaleza espiritual en Cristo que nos protege de los ataques del maligno. Para aquellos que permanecen en esta fortaleza de Dios, el ataque del maligno no los toca. Aquí, en esta secreta morada  con el Todopoderoso, estamos ocultos de los efectos de la lengua del acusador; estamos al abrigo de la asignación del destructor.

El diccionario define a la palabra inmunidad como: la libertad o exención, tanto de una condena, carga, tarea o mal”. Esa es la forma en que el Dios viviente quiere que caminen sus hijos en libertad de la penas y cargas del pecado, libres de las tareas de la religión legal, protegidos y triunfantes de los asaltos del maligno.

Examina la Biblia. Encontraras cientos de ejemplos de la protección amorosa de Dios. Cada vez que el Señor llamo al pecaminoso Israel para que volviera a El, fue urgiéndolo a que retornara a la protección de Dios; cada vez que ellos respondían, nuevamente estaban seguros dentro de la Fortaleza de Dios. Las escrituras dicen,…”los envolvió en sus brazos, los instruyo y los cuidó como a la niña de sus ojos” (Deut. 32:10, NIV).

Amor: El conservante de Dios

(English)
¿Ha visto alguna vez un carro de supermercado lleno de latas de comida abolladas? La mayoría han perdido sus etiquetas. Lo que le ocurrió a estas latas es que la presión atmosférica externa a la lata fue mayor que la presión interna, haciendo que la lata colapsase. La lata no pudo resistir la presión.

Hoy en día, muchas personas no pueden resistir el estrés y las presiones de la vida: presiones financieras, criar una familia, temor de guerras o ataques terroristas, nuevas enfermedades y más y más. Como resultado, la gente se desmorona.