Con la mirada de tus ojos


(English)

“¿Quién es ésta que se muestra como el alba, Hermosa como la luna, Esclarecida como el sol, Imponente como ejércitos en orden?” (Cantares 6:10).

Fuimos creados para algo más que tener una religión. De hecho, en lo que respecta a la satisfacción de nuestros anhelos más profundos, llegara un tiempo  cuando nos demos cuenta de que la religión no es suficiente. No satisface ni a Cristo ni a nosotros. La Palabra de Dios revela que Cristo quiere realmente, en lo personal, conocernos. (Mat. 7: 22-23).

Usted dice, pero ¡Él ya nos conoce! En su Omnisciencia, El conoce todas las cosas. Si, pero en Su amor, El busca conocernos como seres que viven en inquebrantable unión con Él. El tiene el derecho de poseer nuestras almas, nuestros secretos, y nuestros sueños. El quiere la persona que soy cuando nadie más me mira. No obstante, El no se fuerza a sí mismo. Esa no es la forma de obrar del amor.      




En realidad, nosotros le amamos porque Él nos amó primero. Nos comprometemos con Él debido a Su compromiso con nosotros.  Esta inter relación de nuestras vidas con la de Cristo – esta unidad nacida del amor – es el único destino de la iglesia con el cual Cristo está satisfecho. Al final de los tiempos, cualquier cosa inferior a la unidad con Cristo no nos sostendrá.

Dios es amor
Yo conozco el temor del Señor y que es el principio del verdadero conocimiento. Yo me deleito en el temor del Señor.  Pero, como  escribió Juan, cada uno de nosotros debemos conocer y creer el amor que Dios tiene para nosotros (1 Juan 4:16).

Consideremos que el apóstol que cayó ante Jesús como hombre muerto en la Isla de Patmos, mas tarde escribió, “En el amor no hay temor” (1 Juan 4:18). El Señor sabe que el temor de Dios es un fuerte disuasivo del pecado y un poderoso aliado para caminar rectamente. No obstante, para acercarnos a El tenemos que conocer más que el temor de Dios; tenemos que conocer “el amor que Dios tiene por nosotros.” Es este perfecto amor de Dios que “hecha fuera el temor, porque el temor lleva en sí castigo.” (1 Juan 4:18). Es solamente este amor que puede llevar a la novia de Cristo a su destino.

El corazón de Dios
Puede que usted este leyendo este artículo y el pensamiento de buscar a Dios, de acercarse a Cristo,  haya despertado en usted una iniciativa a hacerlo. Y aun, cuando el pensamiento inicialmente se despertó en usted, instándole a entrar en Su Presencia, algo también se aceleró en el corazón de Cristo.  Él dice,

"Has cautivado mi corazón, hermana mía, esposa mía; has cautivado mi corazón con una sola mirada de tus ojos” (Cantares 4:9).

Su mirada, aunque haya sido solo la más breve expectativa de estar con Él, hizo que Su corazón palpitara más fuerte. Otra versión dice, “Prendiste mi corazón”. Es así como el corazón de Cristo responde a nuestro deseo de estar con El.

Jesús no regresara solamente para destruir la maldad; El viene por una esposa. Al final de la era nuestra tarea no es simplemente prepararnos para el arrebatamiento o la tribulación sino ¡para Cristo Mismo!

Gocémonos y alegrémonos y démosle gloria; porque han llegado las bodas del Cordero, y su esposa se ha preparado” (Apocalipsis 19:7).

Vea, nuestra preparación es para Cristo. La novia no está dando vueltas en temor sobre lo que está viniendo sobre el mundo; ¡ella esta consumida en amor por quien está viniendo a este mundo! ¡No estamos siendo preparados para una fecha determinada, sino para un matrimonio! No hay nada más importante para Jesucristo que Su novia, la iglesia. El murió por ella; y por ella El vive para interceder.

Su amor se mostro capaz y digno de ganar nuestra completa redención. Nuestra más noble tarea es rendirnos con temor reverente a El cuyo corazón late más rápido con una simple mirada de nuestros ojos.

Señor Yo confieso, me he distraído y he estado ansioso con mis muchas tareas. Ciertamente, incluso mis responsabilidades a Tu favor han, de alguna manera, tomado el lugar de Tu Presencia. Maestro, amado amante de mi alma, Yo me arrepiento. Deseo conocerte, aun como Tú me has conocido a mi Señor. Vengo a Ti, Señor.

Adaptado de un capítulo del libro de Francis
Los días de su presencia – versión en ingles –. Disponible en  “ArrowBookstore”.

Traducción y edición: Gabriela Rabellino




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