El don de discernimiento



Por Francis Frangipane
(English)
Si  vamos a servir con verdadero discernimiento, nuestra percepción debe ser renovada hasta que veamos la vida a través de los ojos de Cristo el Redentor.

Para discernir no podemos juzgar
No poseeremos un maduro y continuo discernimiento hasta que crucifiquemos nuestros instintos de juzgar. En realidad, para la mayoría de nosotros, esto puede tomar una prolongada y enfocada estación de erradicación de antiguas maneras de pensar—actitudes que no fueron sembradas en fe y amor por la gente. En verdad, si es que nos vamos a apropiar del discernimiento nacido en la “mente de Cristo”, debemos primero encontrar el corazón de Cristo (1 Cor 2:16). El corazón y el amor de Jesus se resume en Sus propias palabras: “No he venido a juzgar al mundo, sino a salvar al mundo” ( Juan 12:47). E incluso cuando el Senor nos juzga, es para salvarnos y liberarnos.




El discernimiento espiritual es la gracia de ver dentro de lo invisible. Es un don del Espíritu para percibir  el reino del espíritu. Su propósito es comprender la  naturaleza de lo que está velado.

Sin embargo, hay muchos que suponen que están recibiendo el discernimiento del Señor con respecto a una cosa u otra. Tal vez en algunas cosas lo están; sólo Dios sabe. Pero muchos simplemente están juzgando  a los demás y llamándolo  discernimiento. Jesús nos ordenó  no juzgar. Él nos envía al mundo no como jueces del hombre sino, en sumisión a Él, como co- redentores. No somos enviados a condenar a la gente, sino a rescatarlos.

La meta es ver claramente
La juzgadora mente carnal, ve de manera constante la imagen de sí misma en los demás. Sin darse cuenta que se ve a sí misma, supone que está percibiendo a otros. Jesús se refiere a la persona que juzga como “hipócrita.”  El Señor no está diciendo que debemos totalmente dejar de pensar en la gente. Él quiere que seamos capaces de ayudarnos unos a otros. El énfasis en el mandato de Jesús de " no juzgar " se resume en Su comentario final: " “saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces veras bien para sacar la paja del ojo de tu hermano” (Ver Mateo 7: 1-5).

La forma en que ayudamos a los demás no es  juzgando sino  viendo con claridad. Este es el "juicio justo" del que habla Jesús en Juan 7:24. Nosotros no " vemos claramente " hasta que hemos pasado  a través de un arrepentimiento profundo y completo, hasta que el instinto de juzgar a partir  "apariencias" es desarraigado.

Hemos visto que Jesús hizo un  paralelo entre hablar con la gente acerca de sus pecados y sacar  vigas  de sus ojos. El ojo es la parte más tierna  y más sensible del cuerpo humano. ¿Cómo se toma una paja del ojo de alguien? ¡Con mucho cuidado! En primer lugar, usted debe ganarse su confianza. Esto significa demostrar  consistentemente una actitud que no juzga, una  que no condena instintivamente. Para ayudar a los demás, primero debemos ver con claridad.

Si de verdad busca  crucificar a su instinto de  juzgar y  genuinamente va en pos del corazón redentor de Cristo, usted ha  establecido los cimientos reales para  el don del discernimiento. Usted ha preparado su corazón para recibir sueños, visiones y revelaciones  de parte de Dios. Usted no será  teñido  por el sesgo humano. Va a poseer la mente y el corazón de Cristo.


Extracto tomado de los libros del Pastor Francis, Los tres campos de la lucha espiritual y “Spiritual Discernment and the Mind of Christ”, disponibles en www.arrowbookstore.com

Traducción y edición: Gabriela Rabellino

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