¿En qué se está convirtiendo?


Por Francis Frangipane
(English)
Es para mí revelador  que cuando Lucas enumera los doce apóstoles, al llegar a Judas Iscariote, lo identificó como el apóstol "que se convirtió en un traidor" (Lucas 6:16).

Permítanme comenzar con una pregunta, una pregunta sincera que puede ser la pregunta más importante que usted pueda preguntarse: ¿En qué se está convirtiendo? Judas Iscariote fue un apóstol “quien luego se convertiría en un traidor”. Este era un hombre que había sido usado por el Señor poderosamente para "sanar a los enfermos, resucitar a los muertos, limpiar a los  leprosos [y] echar fuera demonios" (Mateo 10: 8.). Judas conoció la emoción, la alegría y el poder de caminar personalmente con Jesús. Vio milagros, señales y maravillas.

Sin embargo, Judas tenía un grave defecto de carácter, una debilidad moral. La Escritura revela que, a pesar del hecho de que Dios lo estaba usando, Judas "era un ladrón" (Juan 12: 6). Solía robar de la caja del dinero. Mi amigo, es significativo,  que Jesús permitió que un ladrón llevase la caja del dinero. A veces pensamos que el Señor nos va a desafiar en todos los temas, pero hay momentos en que Su silencio acerca de nuestro reiterado pecado es Su reprensión. Judas sabía que lo que estaba haciendo estaba mal, pero como Jesús no lo enfrentó directamente Judas minimizo la gravedad de su iniquidad. Tal vez él razonó que si robar fuese realmente malo, Dios no lo usaría todavía para obrar milagros.


¡¿Cómo un poco de levadura leuda la masa?! Un pecado relativamente menor al que no le prestamos atención puede llevar a un pecado mayor que destruya nuestras vidas. La Biblia dice que Judas "llego a ser traidor. " Comenzó en el ministerio siendo fiel a Jesús, pero luego comenzó a mentir sobre las finanzas hasta que su engañosa apariencia exterior escondió completamente a un corrupto y entenebrecido corazón. Judas era un ladrón quien se convirtió en un traidor, eventualmente tomando su propia vida. Su compromiso con el pecado fue de mal en peor y lo destruyo.

Los cristianos hoy miramos al mundo y vemos la injusticia, la inmoralidad y la corrupción. La ira que sentimos por  estas cosas no sólo es comprensible, está justificada. ¿Por qué no deberíamos enojarnos con lo que vemos? ¡De hecho, en muchos casos, en realidad estamos viendo al infierno manifestarse a través de personas y de situaciones en el mundo!

Sabiendo que nos afligiríamos por el mal en el mundo, la Palabra de Dios nos dice, " airaos pero no pequéis " (Ef. 4:26). Debemos discernir en qué momento la ira se degrada en pecado. Pablo añade: " No se ponga el sol sobre vuestro enojo. " Podemos estar legítimamente enojados por cosas que verdaderamente están mal, pero nuestra indignación debe encontrar una  más noble, redentora actitud de expresión.

No me refiero a encogeros en una pasiva indiferencia; quiero decir que nos elevemos a una agresiva intercesión. Sentimos las mismas pasiones contra la injusticia, pero aprendemos a orar la oración de misericordia: " Padre, perdónalos”.

Estoy pensando en Esteban  quien mientras lo lapidaban  vio a Jesús y oró:
" Señor, no les tomes en cuenta este pecado " (Hechos 7:60). Que cada vez que nos enfrentamos a una injusticia pueda Dios darnos una nueva revelación de Jesús, de manera que no recemos por  juicio, sino por misericordia. A partir de la oración de Esteban por misericordia, gracia fue soltada.  Ella encontró a  Saúl hasta que Saúl también vio a Jesús.

Vea usted, cuando no nos ocupamos de la ira que sentimos, si no respondemos a la injusticia con misericordia e intercesión, pronto nos encontramos a nosotros mismos convirtiéndonos  en algo que no fue nunca nuestra intención. Permítanme decirlo una vez más: Judas se convirtió en un traidor.

Judas muto de ser un apóstol obrando milagros a  vivir una doble vida. Nuestra ira, no atendida, hará lo mismo para nosotros. Nos hace degenerar en algo en lo que nunca planeamos convertirnos: "cristianos fariseos. " Pablo advirtió  permitir que el sol se pusiese sobre nuestro enojo como si tuviéramos tan sólo a lo máximo 24 horas para hacer frente a estas cosas. Debo admitir que hay asuntos en la vida que me han tomado meses de luchar  con ellos antes de que mi indignación se levantase y se transformara en intercesión. Así que permanezca en la lucha hasta que su corazón no esté amargado, sino con poder.

Hoy en día Norteamérica tiene exceso de cristianos enojados. ¿Qué podemos hacer? Debemos convertir la indignación en intercesión. Tenemos que hacer que nuestra angustia  obre a nuestro favor, alineándonos  con Cristo en la oración de redención - realmente orando por los que nos persiguen.

Gracias a Dios, Jesús no miró hacia abajo desde la cruz a los fariseos y dijo: " Es necesario que se les enseñe una lección. Es el  principio. “No. Él oró: "Padre, perdónalos”. Y luego, sorprendentemente, cubrió el  pecado de ellos, diciendo: " No saben lo que hacen".

El sentimiento de cristiana indignación infiltrándose  en la iglesia no ha venido del Cielo. No desestime su enojo como un pecado menor; ¡lo descalificó a Moisés de entrar a la Tierra Prometida! Vea usted, hay cosas en juego que son más grandes que nuestra indignación sobre lo correcto y lo incorrecto. El mundo está observando cómo nos relacionamos con los que están moralmente equivocados, incluso cuando estamos bíblicamente en lo correcto. Y ellos están mirando para ver si sonamos como el Salvador o como los fariseos.

Y aun, hay una cosa más importante que cómo el mundo nos ve, y esa es  como  nos ve Cristo. Él está viendo lo que le está sucediendo a nuestros corazones. El a cada uno de nosotros nos hace una simple pregunta: ¿Sabes en lo que te estás convirtiendo?

Adaptado del libro de Francis Frangipane The Power of One Christlike Life.

Traducción: Gabriela Rabellino



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