Se manifieste en nuestra carne mortal


                                  
Por Francis Frangipane
(English)

¿Que tenía en mente Jesus para Sus discípulos cuando comenzó Su ministerio? ¿Cuál era Su objetivo sagrado?  Estoy absolutamente convencido que Cristo no solamente vino a buscar y salvar al perdido, sino que en un nivel más alto vino a replicarse en aquellos que salvó. Y sea que estemos apenas comenzando nuestro viaje espiritual o que seamos probados siervos de muchos años, el verdadero cristianismo no es nada menos que la viva manifestación de Cristo en y a través de nosotros (Gal. 2:20).

De hecho, nuestro destino no encuentra una base segura hasta que la real vida de Cristo emerge a través de nosotros.

Cuando hablo de Cristo, me refiero a Su compasión hacia el necesitado, el enfermo, el atado, el destituido, cosas tales que trajo la manifestación de milagros, maravillas y liberaciones. Estoy hablando de Su poder y Su profunda sujeción a la voluntad del Padre, la cual produjo Su expansiva autoridad sobre todas las cosas. Y cuando hablo de Cristo en nosotros, no me estoy refiriendo solamente a la correcta ubicación de preceptos teológicos, por más importantes que son nuestras doctrinas. El objetivo de Dios es que la verdad encontrada en nuestras doctrinas germine en la vida y el poder de Cristo, manifestándose en nosotros.


Esta transformación interior y en la semejanza a Cristo de la iglesia, fue la preocupación más elevada de Pablo. Él escribió, “
Queridos hijos, por quienes vuelvo a sufrir dolores de parto hasta que Cristo sea formado en ustedes" (Gal. 4:19).  Considere asimismo las palabras de Pablo a los Corintios. El escribió, “porque nosotros que vivimos, siempre estamos entregados a muerte por causa de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestra carne mortal" (2 Cor. 4:11). Amado, el cristianismo no es nada menos que  ¡“la vida de Jesús,…manifiesta en nuestra carne mortal”! 

Vea usted, no hay un Jesús en el cielo diferente del que mora en nosotros. Esto significa que el Espíritu de Jesucristo, el amante y redentor de la humanidad, se revela a si mismo través de nosotros. Esta revelación de Cristo en nosotros es lo único que satisface nuestra búsqueda por conocer la esencia de Dios. Cualquier cosa menor, o que no sea Cristo viviendo en nosotros es mera religión.

Jesus dijo, “
Como [el Padre] me [envió] al mundo, así yo los he enviado” (Juan 17:18). Somos enviados como Él fue enviado, con la misma misión, la misma visión. Cuando aceptamos a Cristo en nuestras vidas, estamos aceptando la misma exacta persona quien murió por los hombres, viviendo nuevamente  Su propósito y poder ahora a través de nosotros.

Este mundo, con todo su mal, es la realidad misma que Dios ha elegido para perfeccionar nuestra conformidad a Cristo. Vea, discernir lo que está mal en el mundo requiere de poco crecimiento espiritual, pero ver a nuestras comunidades y barrios transformados requiere que crezcamos en madurez cristiana y visión. Debemos aprender, en el entorno que nos encontremos, a perseverar en oración y a tomar el compromiso de amar.

Sí, este mundo es perverso, pero si mira atentamente, es el lugar perfecto para que Cristo se manifieste en nuestra carne mortal.

Adaptado del libro de Francis Frangipane, El refugio de Dios.


Traducción y edición: Gabriela Rabellino


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