Ayuno de juicio


Por Francis Frangipane
(English)

Hay muchos tipos de ayunos. Si alguna vez ha participado en un ayuno prolongado, usted sabe que puede ser una experiencia que cambie su vida. El rey de Nínive junto al pueblo de su nación ayunó de alimentos y agua. El Señor escucho la sinceridad de su arrepentimiento y  preservo  su nación, haciendo de ellos un ejemplo del poder inherente al ayuno junto a la oración, tocando el corazón de Dios  (Jonás 3; Lucas 11:32).

Un ayuno puede ser una poderosa arma que ayude a estimular avivamiento, o por el contrario, puede degradarse en un ejercicio religioso que casi no tiene significancia espiritual. Los Fariseos  ayunaban dos veces a la semana, pero lo hacían para ser vistos por los hombres.  Su ayuno se torno en un asunto de orgullo. Completamente carente de valor espiritual.

Ejemplos de ayunos verdaderos
 En su esencia, el propósito de un ayuno es ayudarnos a alcanzar nuestro destino espiritual más rápidamente,  Jesús dijo, "Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados" (Mat. 5:6). El objetivo de nuestro hambre es que la justicia prevalezca, tanto en nosotros personalmente o en nuestra familia, iglesia, ciudad o nación. El ayuno nos lleva allí más rápido.  



Más todavía, no debemos permitir que nuestro ayuno se vuelva en una forma de auto penitencia. Ayunar  no se trata de dar un “trato severo del cuerpo”  (Col. 2:20 23). Durante el tiempo que hubiese nutrido  su cuerpo, nutra en cambio su alma. Acérquese al Señor. Lea la Palabra de Dios, memorice Escrituras u ore por usted y por otros.

Isaías 58 nos dice que un ayuno puede también ser un tiempo de mostrar el amor de Dios a otros. El Señor dice,

 “¿No es más bien el ayuno que yo escogí, desatar las ligaduras de impiedad, soltar las cargas de opresión, y dejar ir libres a los quebrantados, y que rompáis todo yugo?  ¿No es que partas tu pan con el hambriento, y a los pobres errantes albergues en casa; que cuando veas al desnudo, lo cubras, y no te escondas de tu hermano?" (vs. 6 7).

 Por tanto, cuando haga ayuno de alimentos, considere también formas de ayudar a quienes sufren o se encuentran en situación de desventaja. Podría incluso dedicar el dinero correspondiente a alimentos a una agencia de ayuda quien cuida de aquellos en lugares de necesidad.

El ayuno del intercesor
Desde nuestro estudio, vemos que un ayuno puede ser una genuina manera de buscar a Dios, o puede ser una muestra de auto – justicia. El ayuno mismo puede ser una negación de comida o de un tipo específico de alimento, tal como carnes o postres. O puede ser una negación del yo, donde nos disponemos a ayudar a otros menos afortunados que nosotros (Isaías 58).

Un aspecto del ayuno de Isaías 58 se ve en el versículo 9, el cual dice, “Si quitas de en medio de ti el yugo, el amenazar con el dedo y el hablar iniquidad”. Este aspecto de la vida, “el amenazar con el dedo y el hablar iniquidad,” se ha vuelto parte normal de nuestra cultura. El juzgar en auto justicia, el encontrar faltas, criticas carentes de amor y la murmuración son todas cosas que muchos cristianos hacen sin conciencia o sin lamentarse. Sin embargo, si quitamos estas cosas de nuestras vidas y nos damos a caminar en amor, el resultado es profundo:

“entonces surgirá tu luz en las tinieblas, y tu oscuridad será como el mediodía. Y el Señor te guiará continuamente, saciará tu deseo en los lugares áridos  y dará vigor a tus huesos; serás como huerto regado y como manantial cuyas aguas nunca faltan.  Y los tuyos reedificarán las ruinas antiguas; levantarás los cimientos de generaciones pasadas, y te llamarán reparador de brechas, restaurador de calles donde habitar.” – Isaías 58:10-12

Así, yo quiero presentarle un nuevo concepto: el ayuno de juicio. Cuando les he mencionado este tipo de ayuno a otros, es interesante observar sus reacciones. “Si ayunamos del juzgar, ¿en qué pensaremos?” se dicen.  Yo no estoy diciendo que debemos ayunar de pensar. No, solamente estoy diciendo esto: Después de haber pensado en algún tema de la vida, ayunemos de permitir que nuestros pensamientos finales sean los de juicio. Por el contrario, dejemos que  nuestros pensamientos terminen en oración por misericordia, redención y perdón.

Vea, el instinto de juzgar y criticar es una maldición sobre la iglesia, y trae muerte sobre nosotros como individuos. ¿Una maldición? ¿Muerte? Si, cada vez que juzgamos estamos simultáneamente juzgados por Dios, y cada vez que condenamos a otros estamos siendo condenados nosotros (Mateo 7:1-2; Lucas 6:37).

Muchos cristianos oraran, se comprometerá en batalla espiritual y reprenderán al diablo, y aun el enemigo contra quien están peleando no es el diablo. ¡Es la cosecha de lo que han sembrado con sus propias palabras y actitudes! Lo que nos está ocurriendo es consecuencial, como dijo Jesus, “con la medida con que midáis, se os medirá”. (Mateo 7:2). 

Cuando juzgamos y criticamos, nos colocamos nosotros mismos bajo juicio. Vea usted, estamos constantemente sembrando y cosechando vida de acuerdo a  nuestras propias actitudes.

Cuando yo digo “ayuno de juicio,” no quiero decir que debemos abandonar el discernimiento. No. Pero juzgar a las personas no es discernimiento. Cuando vemos algo mal, en vez de volvernos críticos, debemos aprender a orar por misericordia por esa situación. Aun observaremos lo que está mal, pero estamos enterneciendo nuestras energías y buscando redimir  lo que está mal con el poder del amor de Cristo.

Jesús dijo,  "Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia" (Mat. 5:7). Cuando resistimos el impulso a juzgar o condenar, y, en cambio, oramos por misericordia, algo increíble ocurre: una puerta de fresca misericordia se abre delante de nosotros. Vea, en cada momento de cada día hay dos senderos delante de nosotros: uno lleva a una creciente misericordia en nuestras vidas mientras el otro lleva a una vida de obstáculos y dificultades. ¿Cómo recibimos más misericordia? La llave a una vida bendecida por la misericordia de Dios es extender misericordia a aquellos a nuestro alrededor  (Mat. 18:21-35).

Hay cristianos que conozco que no han logrado progreso espiritual en años. Van a la iglesia, diezman, mas aun mantienen una actitud  juzgadora. Siempre tienen algo negativo que decir sobre otros. Y así, se colocan a ellos mismos bajo el juicio de Dios. Su capacidad de recibir misericordia divina está cerrada porque no muestran misericordia hacia otros.

Santiago escribió, "Porque juicio sin misericordia se hará con aquel que no hiciere misericordia; y la misericordia triunfa sobre el juicio" (Santiago 2:13). Permítame repetir este soberano versículo nuevamente: “juicio sin misericordia se hará con aquel que no hiciere misericordia.”

Esta usted considerando ¿porque su versión del cristianismo no se siente ni cerca de la vida abundante que Jesús prometió?  (Ver Juan 10:10) Quizá es porque es usted demasiado crítico. Vamos, por tanto, a discernir de “que espíritu” somos. (Lucas 9:51-56).  Recordemos que la misericordia triunfa sobre el juicio. Si nos es difícil ser misericordiosos, Dios promete que El nos responderá a nosotros de la misma forma que nosotros respondimos a otros. Finalmente, pensemos en la próxima estación de cambio. Quizá es tiempo de abrazar la misericordia y ver qué cambios ocurren en nuestras vidas cuando ayunamos de juzgar.

 Adaptado del libro del Pastor Francis Spiritual Discernment and the Mind of Christ. (No disponible en español). Adquiéralo en
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Traducción: Gabriela Rabellino


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