¡Domina en medio de tus enemigos!


Por Francis Frangipane
(English)

La verdadera paz el fruto de tener confianza en el amor de Dios; nace de la revelación de que, a pesar de la batalla, “mayor es el que están en nosotros que el que está en el mundo” (1 Juan 4:4). No se trata de la confianza en usted, sino de la confianza en Dios.

El Dios de paz aplastará a Satanás
Para sostener una lucha espiritual efectiva, debemos entender y hacer uso de la autoridad espiritual. Sin embargo, la autoridad espiritual, no consiste en imponer a la fuerza nuestra voluntad sobre otra persona.  Cuando usted tiene autoridad espiritual, usted ha establecido la paz de Dios en un área que alguna vez estuvo llena de conflicto y opresión. Por lo tanto, para poder verdaderamente movernos en autoridad, debemos primero tener paz.

El apóstol Pablo enseñó, “el Dios de paz aplastara en breve a Satanás bajo vuestros pies” (Rom. 16:20). Mantener la paz durante la lucha es dar un golpe mortífero y aplastante a la opresión y al temor.  Nuestra victoria nunca proviene de nuestras emociones o intelecto. Nuestra victoria viene cuando nos negamos a juzgar según lo que nuestros ojos ven o nuestros oídos escuchan y en confiar que todo lo que Dios nos ha prometido, sucederá.


 Nunca conoceremos la victoria de Cristo en su plenitud, si no hasta que dejemos de reaccionar como seres humanos a nuestras circunstancias.  Cuando realmente tenemos autoridad sobre algo, podemos mirarlo sin preocupación, temor o intimidación. Su paz es la prueba de su victoria. La autoridad de Jesus sobre la horrible tormenta (ver Mateo 8:23–27) fue el ejercicio y la extensión de Su paz sobre los elementos.  El no luchó contra la tormenta, ni le tuvo temor. En completa paz, El enfrento su furia y la sujeto con Su autoridad.  En la corte de Pilatos, en un mundo agitado hasta un delirio emocional por los poderes del infierno, una santa tranquilidad rodeo a Cristo, una paz que nacía de Su resolución por hacer la voluntad de Dios, sin importar el costo.  Su Espíritu emanaba una calma que perfectamente representaba la paz del trono de Dios. En cuestión de instantes, ya no era a Jesus a quien se juzgaba, sino los que estaban sometidos a juicio eran Satanás, Pilatos y toda la nación de Israel.

El arsenal de Satanás está compuesto por miedo, pena, duda, autocompasión, etc. Cada una de esas armas nos roba la paz y nos deja interiormente turbados.  ¿Queremos discernir donde viene el enemigo contra nosotros? En la esfera de nuestras relaciones, dondequiera que no tengamos paz, tenemos guerra. Por el contrario, dondequiera que haya victoria, tenemos paz. Cuando Satanás nos arroja sus dardos de fuego, cuanto más paz tengamos durante la adversidad, más verdaderamente caminaremos en la victoria de Cristo.

Pablo nos dice que debemos estar: “…en nada intimidados por los que se oponen, que para ellos ciertamente es indicio de perdición, mas para nosotros de salvación…” (Fil. 1:28). Su paz, su inconmovible firmeza sobre la Palabra de Dios, es una señal de estar correctamente colocado en perfecta sumisión a la voluntad de Dios. El hecho mismo de no estar “en nada intimidados” por nuestro adversario, es una señal de tener autoridad sobre él.

Los pacificadores son los hijos de Dios
La paz es poder espiritual.  La paz es un atributo del Espíritu Santo, y cuando usted está caminando en paz, usted está caminando en poder. Un pacificador no es simplemente alguien que protesta contra la guerra, es aquel que interiormente ha cedido tanto a Cristo, en su espíritu y propósito, que puede ser llamado “hijo de Dios”. (ver Mateo 5:9).  A donde el va, Dios va y a donde va Dios, el va.  El no teme, es calmado, y audaz. Su paz le rodea y sale de el en la misma forma que la luz y el calor se irradian del fuego.

En las batallas de la vida, su paz es en realidad un arma.  Ciertamente, su confianza declara que usted no está cayendo por las mentiras del diablo. Vea, el primer paso hacia poseer autoridad espiritual sobre el adversario es tener paz a pesar de nuestras circunstancias. Cuando Jesus confrontó al diablo, no lo confrontó con Sus emociones o en temor.  Conociendo que el diablo era un mentiroso, El simplemente rehusó ser influenciado por cualquier otra voz que la de Dios. Su paz abrumo a Satanás. Su autoridad entonces derribo y aplasto a la mentira, y esto hizo huir a los demonios.

Descansar antes de gobernar
En el Salmo 23, David declara, “Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tu estarás conmigo…” (v. 4). Hay un lugar en el caminar con Dios donde simplemente ‘no temeremos mal alguno.”  Durante su vida, David enfrento muchos enemigos, incluidos un león, un oso y un gigante. En este salmo el enfrento la “sombra de muerte”, y aun así no temió mal alguno.  Dado que Dios está con usted, cada adversidad que enfrente se tornara en victoria mientras mantiene usted su fe en Dios.  David continuó, “Tú preparas mesa delante de mí en presencia de mis enemigos…” (v. 5). La batalla en la que se encuentra pronto se volverá en una comida para usted, una experiencia que lo nutrirá y lo edificara espiritualmente.

Solamente la paz de Dios domara nuestras reacciones carnales en la batalla. La fuente de la paz de Dios es Dios Mismo. Ciertamente, “delante del trono había como un mar de vidrio, semejante al cristal” (Apoc. 4:6). El mar de vidrio es un símbolo: no hay agitaciones, ni olas, ni ansiedades perturbando a Dios. El Señor nunca está preocupado, nunca en afanes y nunca sin una respuesta. El mar que le rodea es totalmente quieto y calmo. Todas nuestras victorias fluyen desde el estar sentado allí con Él.

Dios es nuestro Padre. La Jerusalén Celestial es nuestra madre, el sitio de nacimiento de nuestra nueva naturaleza (ver Gálatas 4:26).  Y usted, usted es un hijo de Dios amado, parte de la familia del Padre y miembro de Su familia (ver Efesios 2:19). Usted debe tener la revelación de que no está luchando para subir a los Cielos; antes bien; usted ha nacido de nuevo en un nacimiento espiritual (ver Juan 3:1–8). Esté su corazón firme y correctamente colocado en su relación con el Todopoderoso.

A quienes han nacido de nuevo, desde lo alto, El dice, “Siéntate a mi diestra, hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies” (Salmo 110:1).  Antes de ir a la batalla, reconozca que no es a usted a quien el diablo teme; ¡es a Cristo en usted! Hemos sido levantados y sentados junto con Cristo en lugares celestiales (Efesios 2:6). De ahí porque el Espíritu Santo continua hablándonos que la adoración es la primera respuesta en la batalla. Coloquémonos en la Presencia de Dios. Sentémonos, descansados, en el conocimiento y la certeza de que Cristo ya ha puesto a nuestros enemigos como estrado para nuestros pies.  Desde esta posición de descanso, la Palabra del Señor continúa, “Jehová enviara desde Sion la vara de [Su] poder, diciendo, “domina en medio de tus enemigos” ’ ” (Salmo 110:2).

El descanso antecede al gobierno. La paz precede al poder. No busquemos gobernar sobre el diablo hasta que nos sometamos al gobierno de Dios sobre nosotros.  El punto principal de toda victoria proviene de buscar a Dios hasta que lo encontremos, y habiéndolo encontrado, permitir que Su Presencia llene nuestro espíritu con Su paz. En completa confianza a Su mano derecha, mientras descansa en Su victoria, dominara en medio de sus enemigos.

Adaptado del libro de Francis Frangipane
"Los Tres Campos de la Lucha Espiritual" -

Traducción y edición: Gabriela Rabellino

www.frangipanehispano.org




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