"Dile a Francis que lo extraño"


Por Francis Frangipane
(English)

Si Satanás no puede distraerlo con la mundanalidad, procurara abrumarlo con cansancio. Ciertamente, que fácil nos es auto-agotarnos; incluso las buenas obras hechas para el Señor sin tomar tiempo para recargar nuestra energía en Dios pueden agotar nuestra vida y energía.
Daniel habla de un tiempo al final de esta era cuando el enemigo “afligirá a los santos del Altísimo” (Dan. 7:25). La intención de Dios nunca fue que hiciéramos Su voluntad sin Su presencia. El poder para alcanzar el propósito de Dios proviene de la oración y de la intimidad con Cristo. Es aquí, en estrecha relación con Dios, donde encontramos un abastecimiento continuo de virtud espiritual.

Cansados de hacer el bien
A principios de los años 70, durante el comienzo de mi ministerio, el Señor me llamo a consagrarle el tiempo desde el amanecer hasta el mediodía. Pasaba tres horas en oración, adoración y el estudio de Su Palabra. Yo adoraría a Dios durante horas, escribiéndole canciones que provenían de este maravilloso santuario de amor. La presencia del Señor era mi deleite, y yo se que el tiempo pasado con El no fue solamente bien invertido sino agradable a ambos.

No obstante, cuando mi vida comenzó a cosechar el fruto de la influencia de Cristo, el Espíritu Santo me traía personas para ministrarles. Con el tiempo, al aumentar el número de personas, me encontré recortando cuarenta y cinco minutos de mi tiempo devocional. Las horas de ministración se prolongaban hasta la noche, y deje de levantarme tan temprano como lo hacia antes.



Los problemas del crecimiento de la iglesia comenzaron a consumir la calidad de mi tiempo restante; la expansión ministerial, el entrenamiento de ministros jóvenes y mas consejería y liberación llenaron el ya limitado tiempo que me quedaba. Por supuesto que estos cambios no ocurrieron de la noche a la mañana, pero los meses y años de éxito creciente erosionaron mi vida devocional. Con el tiempo, me encontré en un ministerio creciente con una decreciente unción para sustentarlo.

Un día me llamo un intercesor quien regularmente oraba por mí. Me dijo que durante la noche el Señor le había hablado de mí en un sueño. Yo estaba deseoso de escuchar lo que el Señor había revelado a mi amigo, pensando que tal vez El iba a expandir nuestra influencia o quizá supliría algunas necesidades financieras. Le pedí que me lo contara.

Lo que el Señor dijo no tenia directamente nada que ver con los proyectos y prioridades que estaban consumiendo mi tiempo. El sencillamente dijo, “Dile a Francis que lo extraño.”

Ah, que pesos cargamos – que cansancio el que se acumula – cuando descuidamos el privilegio de pasar tiempo diario con Jesús. Llore al arrepentirme delante del Señor, y reajuste mis prioridades. No daría más consejería en las mañanas. Dedicaría nuevamente este tiempo a Dios.

Aun así, pensé que perdería algunas de las personas que se habían unido recientemente a la iglesia. Estas eran personas que habían venido específicamente para recibir ministración personal. Yo supe que no tendría para ellas el mismo tiempo de antes, pero tenía que decidirme por Dios.

El siguiente Domingo por la mañana, anuncie a la congregación que mis mañanas estaban limitadas; consagradas a Dios. “Por favor”, dije, “nada de llamadas ni consejería. Necesito pasar tiempo con Cristo.” Lo que a continuación ocurrió me asombro. ¡La congregación entera se puso de pie y aplaudió! ¡Ellos querían un líder que pasara más tiempo con Dios! Estaban cansados de un pastor cansado.

Al entrar en los días venideros, nuestra principal actividad será ministrar a Cristo. Ciertamente, las presiones se acrecentaran. Habrá también momentos de gran cosecha y actividad espiritual. Sin importar las circunstancias que nos rodeen, debemos ubicarnos primero y permanentemente en la presencia de Dios. Porque perder nuestro tiempo de comunión con Jesús es perder Su gloria en los días de Su presencia.

Señor Jesús, perdóname por ser distraído tan fácilmente. Líbranos de la atadura del mundo; haznos libres para disfrutar el poder del mundo espiritual. Intoxícanos con Tu presencia. Haznos adictos a Dios, que no podamos atravesar nuestro día sin mas de Ti en nuestras vidas.

Adaptado del libro de Francis Frangipane ,
Los Días de Su Presencia – versión en inglés-.
Traducción: Gabriela Rabellino





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