La cosecha silenciosa



Por Francis Frangipane
(English)

En un sueño me encontré dentro de la mente de un hombre que estaba muriendo. El hombre había estado en coma durante un tiempo; su familia había estado orando, pero no sabían si el había o no aceptado a Cristo. Todo lo que ellos con seguridad sabían era que a lo largo de su vida, el había resistido los esfuerzos de ellos por guiarlo a Cristo.

En el sueño, me volví tan consciente del estado mental de este hombre que sus pensamientos, sentimientos y luchas casi parecían míos. A pesar que sus ojos estaban casi cerrados y su visión nublada, el podía ver a sus seres queridos a su lado. Vi como intentaba alcanzar a su familia, pero exteriormente su brazo nunca se movió. Al percibir sus pensamientos, lo escuche pronunciar sus nombres, pero ningún sonido salió de sus labios. Un ser querido sosteniendo su mano le dijo, “Si me podes escuchar, pellízcame.” El escucho y presiono sus dedos sobre la mano, pero no fue visto movimiento alguno; su mano permaneció claramente sin vida. El estaba consciente, podía escuchar sus oraciones, sentía el calor de sus besos en su rostro, pero era totalmente incapaz de responder. 



El orgullo y el aislamiento que a lo largo de su vida, habían montado guardia a su corazón se habían ido. Una catástrofe física le había sobrecogido. La muerte se aproximo, y el supo que no estaba preparado para la eternidad. Sumergido debajo de su inmóvil exterior, una guerra se desato por su alma, la cual el Señor ganó. Sojuzgado por la implacable fuerza del amor de Dios, finalmente estuvo en paz. Fue durante su tiempo en el hospital que silenciosamente oró y acepto a Cristo como su Salvador. Yo estaba observando su último esfuerzo por decírselos, cuando la vida abandonó su cuerpo.

De pronto, las alarmas de los monitores irrumpieron el silencio de la habitación. Su Corazón latió por última vez y yo me encontré mirando el cuerpo de un hombre que acababa de morir. La habitación sonaba con enfermeras, mientras su familia acurrucada en una esquina, lloraba por él. La idea de que su ser querido muriese sin recibir a Cristo era más devastadora que la realidad de la muerte misma. Yo me moví y luego me desperté. Más aun, mientras dejaba ya mi sueño, el Señor hablo a mi corazón: "Diles que está conmigo"

A pesar que ha pasado tiempo desde que tuve este sueño, cada vez soy más consciente que muchos en el pueblo de Dios cargan un profundo sufrimiento concerniente a la muerte sin salvación de un ser querido. Obviamente, este sueño no se aplica a todo el mundo, pero hay algunos para quienes esta experiencia esta divinamente dirigida. Así, les presento esto a ustedes de manera general, porque el Espíritu Santo me ha asegurado que El testificara a su corazón de que esta palabra es para usted.

Asimismo he sentido la urgencia de compartir este sueño con ustedes. El Señor tiene una importante tarea para usted. No obstante, el enemigo ha utilizado esta pérdida sin resolver para sembrar duda en su alma. No solamente esta apenado por el deceso de su ser querido, sino que está llevando dudas sobre el amor de Dios, y duda también del poder de la oración. Su confianza en Dios ha sido comprometida. Más aun, es precisamente en este momento que necesita ponerse de pie creyendo por otros miembros de su familia.

Amado, a pesar que hay muchas preguntas sobre los misterios de la vida, no debemos permitir que lo desconocido oscurezca el rostro de lo conocido: Dios es bueno. Nosotros sabemos que Dios nos ama porque El envió a Su Hijo a morir por nuestros pecados. Ciertamente, Jesús dijo, “El que me ha visto a mí, ha visto al Padre” (Juan 14:9). Cuando miramos a Cristo, vemos a Dios, y sabemos que Dios se preocupa.

Además, algunos de nosotros hemos perdido seres queridos en tragedias repentinas, cuando parecería que no tuvieron tiempo de arrepentirse y volverse a Dios. Permítanme recordarles de aquellos que han enfrentado experiencias con la muerte de cerca. Ellos dicen ver “como un “pantallazo delante de [sus] ojos.” En efecto, ellos dicen que el tiempo parece detenerse o pasar lentamente. Yo creo que, incluso en lo que parece ser como una muerte “repentina”, el tiempo reduce su marcha a una velocidad lenta. De acuerdo al testimonio de ellos, evidentemente, hay allí frecuentemente en este estado alterado tiempo suficiente para ver y meditar la vida entera de uno – y para tomar una decisión o incluso clamar el nombre del Señor.

A pesar de lo que desconocemos acerca de los muchos misterios de la vida, una cosa permanece como verdad eterna: Dios es nuestro querido Padre. El no desea que ningún hombre perezca, y El peleara para salvarnos, aun hasta el momento mismo de nuestra muerte. Por tanto, echemos nuestras cargas sobre el Señor, porque El tiene genuinamente cuidado de nosotros. Y corramos con resistencia nuevamente la carrera puesta delante de nosotros, porque El ha prometido que incluso para aquellos “asentados en… sombra de muerte, Luz les resplandeció” (Mateo 4:16).

Señor Jesús, gracias por morir por mis pecados. Señor, hay muchos asuntos que desconozco, pero sé que Tu eres bueno. Las cosas que no entiendo, te las doy a Ti. Te confío a Ti mi vida, y pongo en Tus manos el cuidado de aquellos a quien amo.


Traducción y edición: Gabriela Rabellino

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