Ámame donde estas


Por Francis Frangipane
(English)
He descubierto que, al buscar a Dios, nuestros periodos más difíciles pueden transformarse en maravillosos irrumpimientos hacia el amor de Dios. Para mí, una de esas estaciones ocurrió durante los años 1979 a 1981. La asociación de Iglesias con la cual yo estaba alineado había caído bajo engaño espiritual. No solamente sus doctrinas medulares estaban más y más sembradas con influencias de la Nueva Era, sino que la inmoralidad había entrado sigilosamente, y líderes claves comenzaron a dejar a sus esposas por otras mujeres. No pude mas quedarme callado. Como resultado, en 1979 deje mi congregación en Detroit, Michigan, donde había pastoreado y viaje a las oficinas regionales de la organización en Iowa. Yo vine a suplicar por arrepentimiento, sin embargo, luego de reunirme con los líderes principales, se me pidió que abandonara al grupo.

Asique aquí estábamos - habíamos dejado nuestra iglesia, no teníamos dinero, con cuatro chicos pequeños y no podíamos afrontar ni siquiera un alquiler básico. Desesperados por algo, finalmente encontramos una vieja granja en la zona rural de Washington, Iowa. La casa tenía más de cien años, pero en realidad parecía más vieja. Luego de negociar con el propietario, nos dieron un año libre de alquiler a condición de que yo hiciera reparaciones básicas a la casa, tales como limpieza y pintura.

¡Encuentre a Dios!


Por Francis Frangipane
(English)

Hay solo una razón que impide que la mayoría de las Iglesias prosperen espiritualmente. Todavía tienen que encontrar a Dios.


La santidad procede de buscar la gloria de Dios
“¿Como podéis vosotros creer, pues recibís gloria los unos de los otros, y no buscáis la gloria que viene del Dios único?” (Juan 5:44) Si desplegamos nuestra espiritualidad para impresionar a los hombres, si todavía buscamos recibir honra de los demás, o si todavía procuramos parecer justos, o especialmente “ungidos” ante la gente, ¿podemos decir con sinceridad que caminamos cerca del Dios vivo? Sabemos que tenemos una relación correcta con Dios cuando el hambre que sentimos por Su gloria hace que nos olvidemos de las alabanzas humanas.

¿No se desvanece cualquier gloria ante la luz de Su gloria? Tal como Jesús desafío la autenticidad de fe de los fariseos, así lo hace con la nuestra en la actualidad: “¿Como podes vosotros creer, pues recibís gloria los unos de los otros?”


La humildad precede a la santidad


Por Francis Frangipane
(English)

“A medida que crezco y soy más grande en Dios, más pequeño me vuelvo.”                                                 - (Allen Bond)



Una persona santa es una persona humilde.
“... Aprendan de mí que soy manso y humilde de corazón” (Mateo 11: 29). El hombre más santo y poderoso que ha existido se describió a sí mismo como “manso y humilde de corazón.” ¿Cuál es la razón para comenzar un mensaje sobre la santidad con una cita relativa a la humildad? Sencillamente porque la santidad es el producto de la gracia, y Dios sólo da gracia a los humildes.

Es de vital importancia que comprendamos que Jesús no condena a los pecadores; sino a los hipócritas. Un hipócrita es una persona que excusa su propio pecado mientras condena los pecados de los demás, no es solamente de “doble faz”, porque es alguien que se niega a admitir que a veces lo es, pretendiendo tener por lo tanto una justicia que está lejos de vivir. Al no poder reconocer faltas en sí mismo, el hipócrita no discierne su hipocresía y rara vez se detiene a pensar en la corrupción que hay en su corazón. Como no busca misericordia para sí, tampoco la tiene para otros; además, al estar siempre bajo el juicio de Dios, juicio es lo que generalmente expresa. No podemos buscar la santidad y al mismo tiempo seguir siendo hipócritas. Por lo tanto, el primer paso que realmente debemos dar en el camino hacia la santificación, es admitir que no somos tan santos como nos gustaría aparecer. Este primer paso se llama humildad.

En nuestro deseo de conocer a Dios, debemos discernir esta verdad en relación con el Todopoderoso: Él resiste al orgulloso, pero le otorga su gracia al humilde. La humildad trae la gracia que requiere nuestra necesidad, y únicamente es ésta la que puede cambiar nuestros corazones. Por lo tanto, la humildad es la estructura básica para la transformación. Ella es la esencia de todas las virtudes.

Dos cosas, tan solo dos cosas


Por Francis Frangipane
(English)

Existen tantas cosas que ocupan nuestras mentes, tantos libros, tantos ejemplos, y tantas buenas enseñanzas que merecen nuestra atención, que dicen: “Aquí hay una verdad.” Pero mientras he servido al Señor en estos años pasados el me ha guiado a buscar dos cosas, tan solo dos cosas: Conocer el Corazón de Dios en Cristo, y conocer mi propio Corazón a la luz de Cristo.


Conociendo el corazón de Dios
He estado procurando conocer a Dios, escudriñando para conocerlo y conocer la profundidad de su amor hacia su pueblo. Yo quiero conocer el Corazón de Cristo y la compasión que lo motiva. Las Escrituras lo dicen claramente: Jesús amaba a la gente. El evangelio de Marcos nos cuenta que después de que enseno y sano a multitud de enfermos, la gente tuvo hambre. Cristo en su compasión la vio como “ovejas que no tenían pastor” (Mateo 6:34). Para el no fue suficiente ensenarles y sanarlos. Se hizo personalmente cargo de las necesidades de cada uno. Tanto el bienestar físico, como su alimento eran importantes para Él.

Un chico con cinco panes y dos peces proveyó lo suficiente para que Jesús obrara otro milagro, pero este milagro tenía que ser realizado por el cuerpo dispuesto cansado de Cristo. Considere: Cristo había llevado a Sus discípulos a un lugar aparte a descansar; “Porque eran muchos los que iban y venían, de manera que ni aun tenían tiempo para comer” (Marcos 6:31).