Un hombre

Por Francis Frangipane

La respuesta de Dios a la intercesión redentora
Cuando Abraham fue confrontado con la posibilidad de la destrucción de Sodoma, él no se subió inmediatamente al  vagón en el tren de la " Destrucción de Sodoma",  en cambio,  fue delante del Señor y oró por misericordia sobre la ciudad. La oración de Abraham es un asombroso estudio del efecto que tiene en el corazón de Dios un intercesor motivado por misericordia. De hecho, mi objetivo aquí es contemplar y  mantener la mirada dentro del corazón de Dios de acuerdo a como es revelado en el dialogo entre el Señor y Abraham.

Cuando miramos la oración de Abraham, descubrimos el increíble poder que se nos ha concedido en la intercesión.  ¿Y qué es esto? Dios está buscando una razón de misericordia que justifique retrasar o cancelar la ira. No debemos tener en poco este principio, porque en el hay gran esperanza para nuestra tierra también. La razón de misericordia para la dilación se encuentra en la compasiva oración de un intercesor.


Consideremos la respuesta inicial del Señor al pecado de Sodoma. Primero, él reveló a Abraham, Su siervo, lo que el planificaba hacer. ¿Por qué? ¿No era el mal tan oscuro que merecía ser destruido? Sí, la maldad de Sodoma absolutamente merecía la ira divina. Más aun no fue por eso que el Señor le revelo a Abraham el juicio pendiente. El Señor informo a Abraham de lo que venía no para que Su siervo pudiera criticar, sino para que Abraham intercediese por misericordia.  Recuerde, Dios se deleita en misericordia (Miqueas 7:18) y “no experimenta placer en la muerte del malvado” (Ezequiel 33:11). El Señor siempre busca oportunidades de misericordia. Por lo tanto, tomemos nota de como Abraham se acercó al Dios Todopoderoso:

“Y se acercó Abraham y dijo: ¿Destruirás también al justo con el impío? Quizá haya cincuenta justos dentro de la ciudad: ¿destruirás también y no perdonarás al lugar por amor a los cincuenta justos que estén dentro de él? Lejos de ti el hacer tal, que hagas morir al justo con el impío, y que sea el justo tratado como el impío; nunca tal hagas. El Juez de toda la tierra, ¿no ha de hacer lo que es justo?” Génesis 18:22-25

Observe que Abraham no oró desde una posición de enojo. El nunca dijo, “es tiempo de que mates a los perversos”. No había un dedo acusador de vindicación en el alma de Abraham. De alguna manera hemos venido a creer que los cristianos que no transigen con el pecado deben asimismo estar enojados. Abraham nunca aceptó la cultura depravada de Sodoma, sin embargo, él estuvo por encima de toda reacción carnal. De hecho, a lo largo de toda su oración, Abraham nunca mencionó lo que estaba mal con Sodoma. En cambio, el apeló a la misericordia e integridad del Señor.

Esto es de vital importancia para nosotros, porque Jesús dijo "Si fueseis hijos de Abraham, las obras de Abraham haríais" (Juan 8:39). Una de las obras más notables de Abraham fue la oración intercesora por Sodoma, ¡la ciudad más perversa del mundo!

Abraham reconoció primero la integridad del Señor,  luego le se dirigió a la misericordia del Señor.

“Quizá haya cincuenta justos dentro de la ciudad: ¿destruirás también y no perdonarás al lugar por amor a los cincuenta justos que estén dentro de él? " (Génesis 18:24).

El Señor supo que sería injusto matar al justo con el impío; la oración de Abraham no iluminó al Señor con algunos datos que El desconocía. Pero la naturaleza de la vida en la tierra es esta: Dios trabaja con el hombre para establecer el futuro y en el proceso de determinar la realidad, El siempre prepara una alternativa misericordiosa. En otras palabras, la urgente y redentora oración siempre dispara directo y atraviesa a través de la puerta de la misericordia entrando al  corazón de Dios. Esta puerta nunca está cerrada, especialmente debido a que tenemos un Sumo Sacerdote, Jesucristo, ministrando en el arca del pacto en los cielos (ver Hebreos 8:1). Está abierta en toda y cada una de las ocasiones en que oramos.

Escuche como el Señor contestó la oración de Abraham por misericordia: "Si hallare en Sodoma cincuenta justos dentro de la ciudad, perdonaré a todo este lugar por amor a ellos.” (Génesis 18:26).


¡Como la verdad de la misericordia de Dios puede pasarle desapercibida a aquellos que están tan deseosos de juzgar su nación! Increíblemente, el Señor dice que el perdonará a toda la ciudad de Sodoma si encuentra en ella cincuenta justos. Ahora bien, recuerde que: la palabra Hebrea “evitar” significa más que “no destruir”; significa también “perdonar u otorgar perdón”. ¡Esta es una tremenda revelación acerca del Dios vivo! ¡El minimizara, retrasara, o incluso cancelara el ejercicio de su ira mientras que una oración inspirada en Cristo sea ofrecida a favor de los pecadores!

Vez tras vez en las Escrituras el Señor proclama una verdad siempre presente sobre Su naturaleza: El es "tardo para la ira y grande en misericordia y verdad" (Éxodo 34:6). ¿Lo creemos esto? Helo aquí,  demostrado delante de nuestros ojos en las Escrituras. El nos dice claramente que unos pocos justos distribuidos entre la cuidad pueden preservar esa área de la ira divina.

Abraham conoció el amor de Dios. El fue un íntimo amigo de Dios. Abraham, verdaderamente tenía una clara visión del corazón de Dios basada en su propias experiencias. Este patriarca intercesor había visto al Todopoderoso bendecirlo, prosperarlo, y perdonarlo, por lo cual él presionó y procuró la misericordia de Dios hasta sus propios límites.

"¿Quizás se hallarán allí cuarenta?"

El Señor la perdonaría por cuarenta.

Abraham regateó, "¿treinta?"

El la perdonaría por treinta.

"¿Veinte?"

Finalmente consiguió la promesa de Dios de no destruir la ciudad si hubiera en ella diez justos. En la balanza de Dios, la ira esta de un lado y la misericordia del otro. Pongamos la ciudad de Sodoma entera con todo su pecado y perversión de un lado. La balanza se inclina hacia la ira mientras que el  peso de la maldad en aumento corre desenfrenadamente a través de toda la ciudad. Asumamos que en Sodoma había doscientas mil personas malvadas. Esto tiene un peso significativo del lado de la  maldad. Sin embargo, en el otro lado ponga solamente diez individuos justos. ¡Cuando los diez son puestos en la balanza, el peso espiritual de la justicia, con solamente diez justos hace que la balanza se incline hacia la misericordia!

En el corazón de Dios la substancia del justo tiene mucho más peso que la maldad de los impíos. Aquí descubrimos lo que buscamos en el corazón de Dios a través de la oración: que el Señor perdone a la ciudad pecadora de Sodoma, con sus bandas de homosexuales violentos, ¡debido a la influencia de diez personas piadosas que moran en ella!

¿Y qué de su comunidad?
Ahora pensemos en su ciudad: ¿hay en ella diez personas buenas? Considere su región. ¿Cree que pueda haber cien personas orando dentro de sus fronteras, clamando a Dios por misericordia? ¿Y qué en toda la nación? ¿Cree que pueda haber diez mil personas intercediendo por el país? Dios dijo que perdonaría a Sodoma por diez justos. ¿Cree usted  que Dios podría perdonar a su nación por diez mil justos?

Yo vivo en un área metropolitana de Estados Unidos que tiene cerca de doscientos mil habitantes. Yo puedo mencionar por nombre un sin número de individuos justos, incluyendo pastores, intercesores, líderes de jóvenes, Hispanos, Norteamericanos, Americanos Asiáticos, personas de negocios cristianos, madres, padres, jóvenes temerosos de Dios, abuelas que oran, secretarias, policías, y la lista continúa de aquellos que viven aquí y que exceden los diez justos necesarios para salvar un lugar como Sodoma. Hay muchos aquí se preocupan por el  bien de esta ciudad.

Piense en su iglesia y en la comunidad de iglesias en su ciudad. ¿No hay en ella por lo menos diez personas honorables que sinceramente se preocupan por su comunidad, quienes desean que Dios traiga un avivamiento? Recuerde, Dios dijo que perdonaría a Sodoma por el bien de diez.

Mi suplica en este mensaje es que usted se pueda ver a usted mismo como alguien parado en la brecha por su ciudad. Vea si hay otros en su comunidad dispuestos a orar con usted. El poder de la oración puede soltar un tsunami de misericordia capaz de derrocar a las fortalezas y liberar a los cautivos en su región.

Finalmente, no rindamos nuestras comunidades a las influencias del infierno. Dios es capaz de levantar bandera contra la maldad. De hecho, El dice que busca por un hombre que se pare en la brecha, a fin de no destruir a la tierra en Su ira. ¿Sera usted esa persona? Vea, la verdadera medida de su espiritualidad no está en cuanto se enoja con los pecadores, sino cuan semejante a Cristo se vuelve; nuestra misión no es ver a los hombres destruidos, sino redimidos.

Señor Jesús, perdóname por menospreciar el poder de la oración. Perdóname por subestimar con cuanta pasión deseas revelar Tu misericordia. Señor dame gracia para ser uno que nunca desista de clamar por Tu misericordia. Señor, no me dejes basar mi obediencia en aquello que mis ojos ven o mis oídos escuchan, sino en la revelación de Tu misericordia; permíteme edificar mi vida sobre Ti ¡Amén!

Adaptado del libro del Pastor Francis, El Poder de una vida a Semejanza de Cristo. (No disponible en español) –  Versión en inglés en
www.arrowbookstore.com

 Traducción y Edición Gabriela Rabellino

No hay comentarios.:

Publicar un comentario