Armas de distracción masiva



Por Francis Frangipane
(English)

No podemos obtener la venidera gloria de Dios si no apreciamos Su gloria viva accesible ahora mismo. Y es precisamente esto, el acceso a la presencia de Dios ahora mismo, contra lo cual lucha Satanás con todas sus fuerzas.

La naturaleza de esta batalla no se discierne fácilmente. Con gran frecuencia, el enemigo no aparece con un rostro feroz, amenazándonos con represalias si comenzamos a buscar a Dios. No; el ataque de Satanás es mucho más sutil. El viene de guantes; susurra su astuta manipulación, robando nuestro tiempo, drenando nuestras pasiones espirituales. El manipula incluso las cosas buenas de las bendiciones de Dios para mantenernos apartados del regalo mejor; la presencia de Dios.

El diablo tiene en nuestra naturaleza carnal un cómplice dispuesto. Recuerde la observación de Salomón: “He aquí, solamente esto he hallado: que Dios hizo al hombre recto, pero ellos buscaron muchas perversiones" (Eclesiastés 7:29). Nuestras “muchas perversiones”, dispositivos, y tecnologías, para toda la conveniencia que supuestamente proporcionan, no son mucho más que golosinas a la mente. Ellos malgastan nuestro tiempo y energía.



Mientras el mundo experimenta creciente trauma y sacudimiento, será evidente: No hay substituto para la intimidad con Dios. Y aun así, en vez de tener corazones llenos de Dios, o al menos corazones que están buscando a Dios, estamos llenos de deseos por las cosas de la vida. Nuestros corazones están cargados, inflados de cosas mundanas y adictos al placer. Entristecidos si no tenemos entretenimiento.

Dios está juzgando este excesivo enfoque en el materialismo. El sacudimiento mundial que actualmente experimentamos es, al menos en parte, una buena cosa. Cuando Dios haya terminado, seremos espiritualmente hablando, mas “magros”. Estaremos prontos para los días venideros.

El regalo poco apreciado
"Mirad también por vosotros mismos, que vuestros corazones no se carguen de glotonería y embriaguez y de los afanes de esta vida, y venga de repente sobre vosotros aquel día. Porque como un lazo vendrá sobre todos los que habitan sobre la faz de toda la tierra" (Lucas 21:34-35).

¿Cual es el más valioso y aun el menos apreciado regalo que los hombres reciben de Dios? No es dinero. Ni cosas, ni siquiera alimento o casa. El regalo que mas fallamos en apreciar es el tiempo. Amado, es sabio contar nuestros días (Salmo 90), porque solo tenemos un cierto tiempo asignado para cumplir nuestro llamado. Aun así, muchos de nosotros estamos despilfarrando nuestros días con atracciones sin sentido. Si; todas las cosas me son licitas, pero no todas son de provecho (1 Cor. 6:12).

Permítame asegurarle, la mayoría de las cosas de nuestro mundo no son malas en sí mismas, especialmente cuando son dedicadas a Dios y usadas con moderación. Necesitamos momentos de esparcimiento y tiempos de recreación. Mi preocupación es que no perdamos el equilibrio. Porque lo que nosotros llamamos moderación, para el resto del mundo, es exceso. Mi preocupación es que las cosas de esta era no excluyan nuestro tiempo con Dios.

Una tierra de ídolos
Para nosotros el asunto no son las cosas, sino discernir aquellas que nos separan de Dios. Los placeres de este mundo pueden volverse intoxicantes, adormeciendo nuestro discernimiento y nuestra capacidad de ver claramente. Aun así, si realmente estamos buscando al Señor, separando tiempo para El cada día, entonces nuestra comprensión de la vida será más clara.

Y todavía, tengamos cuidado. Como los antiguos Babilonios, la nuestra es una “tierra de ídolos y (nos) entontecemos con imágenes” (Jer. 50:38). Nos preocupamos por armas de destrucción masiva en nuestro mundo, pero Satanás tiene armas de distracción masiva. La Idolatría nos es tan familiar, que no nos parece raro llamar ‘ídolos” a nuestras estrellas del cine y el deporte.

En medio de un mundo de distracciones, el Señor quiere que caminemos decididamente hacia Su gloria. ¿Podemos hacerlo? Sí, pero puede que necesitemos despojarnos del control que los medios de difusión modernos tienen sobre nuestra voluntad. Ayunemos de entretenimiento por un mes y utilicemos ese tiempo para buscar a Dios. Si esto es demasiado, niéguele la entrada a sus pensamientos durante una semana. El grado de dificultad que experimentemos en apagarlos es la medida de atadura a ellos que tenemos. Si no podemos dejarlos ir, es porque tal cosa nos tiene cautivos.

Elijamos hacer de la presencia de Dios nuestra porción en la vida. No seamos dominados por asuntos, temores o las distracciones de nuestra era. Antes bien, quebremos el poder de las armas de distracción masiva de Satanás. Volvámonos a Dios de todo corazón.

Adaptado del
Programa de formación a imagen de Cristo.

Traducción y edición: Gabriela Rabellino

www.frangipanehispano.org

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