“Dadles vosotros de comer”


Por Francis Frangipane
(English)

 Lo que yo he llegado a creer respecto a la gloria del Señor y su manifestación en la iglesia está respaldado por muchas escrituras.  Más fue, a través de una visión durante de la noche en 1971 que  el Espíritu Santo me revelo las horas finales de esta era.

En este encuentro espiritual, vi una gran metrópolis languideciendo bajo el peso de profundas y terribles tinieblas. Grabado sobre los rostros de aquellos en esta desdichada sociedad estaba la imagen de la desesperanza. El lugar estaba desolado y sin vida real, y el tiempo para una recuperación parecía haberse pasado.

Yo estaba con un grupo fuera de la ciudad.  Nosotros no éramos parte de las tinieblas, sino que habíamos sido “bautizados” en una gloriosa y poderosa luz.  Yo experimente realmente el poder de este resplandor vivo levantándose desde mi ser interior.  Nos recorrió pasando a través de nuestras manos como torrentes de rayos laser; un visible esplendor brilló desde nuestros cuerpos, especialmente en nuestros rostros.

De pronto, una gran multitud comenzó a abandonar la ciudad y  caminó hacia nosotros – miles de personas.  Rápidamente todos invocaban el nombre del Señor.  Al imponerles nuestras manos y orar sobre ellos, ellos recibieron también la luz.



La visión termino, y a pesar que permanecí en la cama, no me volví a dormir. Cuando el amanecer llego, abrí el libro de Isaías. Como un cristiano novato, era esta la primera vez que yo leía la Biblia. Gire la pagina de mi lectura del día anterior y ahí,   por primera vez, leí Isaías 60. Las palabras se fijaron en mi mente como un relámpago, luego sacudieron mi interior como un trueno:


Levántate, resplandece; porque ha venido tu luz,
 y la gloria de Jehová ha nacido sobre ti.
Porque he aquí que tinieblas cubrirán la tierra,
y oscuridad las naciones;
 mas sobre ti amanecerá Jehová,
y sobre ti será vista su gloria.
Y andarán las naciones a tu luz,
y los reyes al resplandor de tu nacimiento.
 —Isaías 60:1–3

El texto decía, “tinieblas cubrirán la tierra.” ¡Esto era exactamente lo que vi en la visión! Proclamaba, “sobre ti amanecerá Jehová y sobre ti será vista su gloria.” ¡Describiendo con precisión lo que yo había visto en la visión! Era como si verdaderamente hubiese entrado al futuro y sido testigo del cumplimiento de esta profecía.  El Espíritu Santo y la Palabra, trabajando en simetría divina, revelaron que, a pesar del avance del infierno y el aumento de los juicios, la gloria del Señor seria manifiesta a través de Su pueblo. El resultado de este ultimo derramamiento seria que las multitudes languideciendo en tinieblas, ¡vendrían a Cristo!

Tan importante como lo es la cosecha, sin embargo, el foco principal de la visión no era ganar a los perdidos;  estaba en el ascenso de la presencia de Cristo en la iglesia. La prioridad del Padre es que el Señor Jesús sea levantado, ¡la gran cosecha será el resultado de la presencia de Cristo! No van a ser nuestros programas o métodos los que traigan esta cosecha; será la gloria manifiesta del Señor Jesús.

Un tercer testigo 
La visión de la manifiesta gloria de Cristo en la iglesia que venciere inspiro en mi gran expectativa por el futuro, especialmente cuando la Palabra de Dios confirmo la visión.  Más todavía un testigo más estaba por llegar. Luego de leer Isaías, mi próxima lectura del día me llevo a Mateo, capítulo 14.  Al leerla, me detuve luego del verso 15, el cual dice,

“se acercaron a él sus discípulos, diciendo: El lugar es desierto, y la hora ya pasada; despide a la multitud”

Esta Escritura recuerda el tiempo cuando Jesús milagrosamente alimentó a los cinco mil. Cuando lo leí, note similitudes entre la visión de las multitudes en tinieblas y esta escena de los Evangelios.  Ambas describían un lugar de desolación. Dado que aparentemente  “la hora era ya pasada”, la solución lógica era “despedir a las multitudes”.

Por supuesto, Por supuesto, ni siquiera el cristiano con más imaginación referiría Mateo 14:13-21 con  Isaías 60:1-3. Sin embargo, el Señor estaba hablando  algo que me ha afectaría el  resto de mi vida. El Señor  respondió:


 “¡No tienen necesidad de irse; dadles vosotros de comer!”
     Y ellos dijeron: No tenemos aquí sino cinco panes y dos peces.
      El les dijo: Traédmelos acá.”

El resultado fue que “tomando los cinco panes y los dos peces, y levantando los ojos al cielo, bendijo, y partió y dio los panes a los discípulos, y los discípulos a la multitud” (Mateo 14:16–19).

Jesús cuando hubo tomado el pan, lo bendijo y entonces lo partió. Otra vez, yo me detuve. Esta vez debido a una particularidad respecto a mi apellido: en italiano, Frangipane significa “partir el pan.”  ¿De alguna manera estaba el Señor usando el significado de mi nombre?

 Más tarde esa mañana, le relate la visión y la promesa del Señor en Isaías mi esposa, Denise.  Le dije entonces  sobre la alimentación a los cinco mil.  Le mencione como me sentí, que durante el último tiempo, cuando gran parte del mundo parecería desolado y perdido, el Señor nos usaría como lo hizo con los panes para alimentar las multitudes.  Entonces, en un esfuerzo por realmente enfatizar el significado de este momento, le explique que nuestro apellido Frangipane, en realidad significaba “partir el pan.”  Fue en ese momento que mi esposa me hizo saber el significado de su apellido de soltera, Piscitelli. Increíblemente, su nombre significaba “peces pequeños.” 

Con Jesús lo poco es mucho
Entre la visión, el texto en Isaías, y el significado de nuestros apellidos,  estoy convencido  que un periodo de gran gloria y cosecha aguarda a la iglesia. Yo no estoy diciendo que esta cosecha y gloria aparecerá en vez del rapto o después de la tribulación.  Estoy diciendo que entre el hoy y lo que sea que creamos respecto a la segunda venida de Cristo, habrá un tiempo de gloria y cosecha.

Así, cuando los cristianos se quejan de que el tiempo de la cosecha “ya paso,”  o que la sociedad  se ha vuelto “desolada,”  sería un error decir que debemos, “despedir a las multitudes”.  El Señor lo ha dejado claro: no será demasiado tarde o desolado para El.

El Señor ha demostrado muchas veces que, como cristianos, no necesitamos almacenar recursos antes de intentar lo “imposible.”  Mientras permanezcamos “bendecidos y quebrantados” en las manos del Maestro, nuestros pocos panes y peces, son suficientes. Lo que hemos aprendido es que Jesús no necesita mucho para obrar Sus milagros; El simplemente pide  que le demos todo lo que tenemos.

Si, la hora es avanzada; cierto, nuestras sociedades están desoladas y en tinieblas. Más todavía Jesús aun habla poderosamente a mi espíritu.  Por poco calificados que podamos estar, si verdaderamente le damos nuestro todo a Cristo, El nos bendecirá y quebrantara, y luego nos llenara con Su gloria para alcanzar a las multitudes.

 Ciertamente, lo que El dijo a Sus discípulos, nos dice a todos: No tienen necesidad de irse; dadles vosotros de comer 

 Adaptado del libro de Francis, Los días de Su presencia. editado en español por Asociación Editorial Buena Semilla bajo su sello Editorial Desafío. Adquiéralo en www.arrowbookstore.com

 Adaptación en la traducción: Gabriela Rabellino

www.frangipanehispano.org






No hay comentarios.:

Publicar un comentario