Superando las ofensas



Por Francis Frangipane
(English)

Cuando estudiamos lo que Jesús enseñó, es obvio para mí que vino a hacer de nosotros alguien que “no se ofende”. Considere: Él dice que si alguien te hiere en la mejilla, le presentes también la otra (Lucas 6:29). Dijo que amasemos a nuestros enemigos y bendigamos a los que nos maldicen (Lucas 6: 27-28). Lo que realmente está haciendo es mostrarnos cómo un corazón de amor que no se ofende, supera toda adversidad. 

Oramos, "Señor, quiero cambiar". Para responder a nuestra oración, a veces El debe ponernos en situaciones que nos ofenden. La ofensa en sí misma despierta nuestra necesidad de gracia. Asi, el Señor precipita el cambio ofendiendo primero el área de nuestra alma que Él desea transformar. Él no espera que nosotros simplemente sobrevivamos a esta adversidad sino que nos volvamos semejantes a Cristo en ella.

Pregúntele a José en el Antiguo Testamento: la tierra de la ofensa se convirtió en la tierra de su unción y poder porque poseía un corazón sin ofensa. Él nunca dejó de confiar en Dios a pesar de las injusticias y las pruebas que enfrentó.

Escuche amigo: el destino que Dios tiene para nosotros se desarrolla o muere en el cruce de la ofensa. Cómo manejamos las ofensas es la clave de nuestro mañana.

“Mucha paz tienen los que aman tu ley, y nada los hace tropezar”
(Salmo 119:165).

Señor, concédeme ese corazón de nueva creación que puede caminar como caminó   Jesús por un mundo de ofensas sin tropezar. Quiero ver todo como una oportunidad para orar, todo como una oportunidad para llegar a ser como Cristo. Señor, ayúdame a interpretar las ofensas como oportunidades que conducen a transformaciones. Concédeme, Señor Jesús, el pulso y el latido de Tu corazón sin ofensas. Amén.

Traducción: Gabriela Rabellino

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